29 de noviembre de 2010

El escritor y la diseñadora de modas


El escritor se llama Lorenzo y no escribe muy bien que digamos. La diseñadora se llama Úrsula y no diseña muy bien que digamos. Pero todos le felicitan al escritor por lo que escribe, dicen que tiene talento y que puede llegar muy lejos como escritor. Todos, también, felicitan a la diseñadora, sobre todo el escritor, y le dicen que puede llegar muy lejos como diseñadora. El escritor desestima los halagos, siente que son cumplidos obligados a los que sus amigos se ven sometidos  porque les tocó la mala fortuna de conocerlo. La diseñadora tampoco cree en los halagos ni en  ninguna clase de eufemismos sólo en hechos concretos, para ella las palabras son sólo palabras.
El escritor es amigo de la diseñadora. La diseñadora, sin embargo, no es amiga del escritor, cree que es un sinvergüenza. El escritor es un sinvergüenza. Un tiempo atrás fueron novios. Todos los amigos –los de él y de ella– se acuerdan de su relación, que duró muchos años. Ellos también evocan de cuando en cuando aquellos años con nostalgia.
El escritor conoció a la diseñadora en el colegio cuando todavía no era escritor. La diseñadora aceptó ser su novia en el colegio cuando todavía no era diseñadora. El escritor la amó al instante. La diseñadora se enamoró paulatinamente. El escritor la besaba con los ojos abiertos. La diseñadora lo besaba con los ojos cerrados. Una vez la diseñadora se quejó del escritor porque siempre tenía los ojos abiertos y le enseñó a de cerrar los ojos en el beso. El escritor no volvió a abrir los ojos, los cerraba incluso cuando tenía que abrirlos. La diseñadora no volvió a reclamarle por sus ojos.
El escritor no iba a los cumpleaños de la diseñadora. La diseñadora iba a todos los cumpleaños del escritor. Al escritor no le gustan las fiestas de cumpleaños –ni los campamentos– porque es misántropo. A la diseñadora le fascinan las fiestas de cumpleaños –y los campamentos– porque es divertida y nunca perdonaría al escritor por faltar a dos de sus cumpleaños. El escritor no advirtió que la diseñadora podría enamorarse de alguien más; alguien que, por ejemplo, vaya a sus cumpleaños. La diseñadora se enamoró de otra persona, alguien que sí iba a sus cumpleaños. La diseñadora cambio la contraseña de su correo electrónico porque el escritor, que entonces era su enamorado, sabía la contraseña y podía revisar los mensajes de su pretendiente. El escritor se irritó, pero más se entristeció, al enterarse que la diseñadora, que todavía era su novia,  amaba a otra persona (un chico que se llamaba Xavier y que tocaba la guitarra bastante bien). El nuevo pretendiente estuvo en el cumpleaños número veinte de la diseñadora. El escritor faltó al cumpleaños número veinte de la diseñadora.
La diseñadora había resuelto olvidar al escritor.
Pero el escritor logró derrotar al pretendiente en la conquista del corazón de la diseñadora. Pero había quedado malherido. La diseñadora volvió a enamorarse del escritor. El escritor, sin embargo, ya no estaba muy enamorado de la diseñadora y comenzó a tratarla con escueta consideración. Ya ni le importaba si Xavier volvía al asecho; y si volvía, serían compadres. Y si intentaba quitarle a la diseñadora de nuevo, no le impediría.
La diseñadora se sentía humillada por el escritor, y lo estaba, además, y se daba cuenta de cómo el escritor ya no la amaba como antes; pero se resistía a aceptarlo.
El escritor terminó su relación con la diseñadora. La diseñadora también terminó con el escritor. Ambos terminaron y ambos desearon estar muertos; el escritor porque, por más que lo intentaba, no podía volver a amar a la diseñadora; la diseñadora porque, por más que lo intentaba, no podía hacer que el escritor la volviera a amar.
Pasaron los meses, los años. Seguían siendo amigos.
El escritor abandonó su suerte y se perdió. La diseñadora no abandonó al escritor y lo rescató...
El escritor va a un psiquiatra para contarle sus problemas. La diseñadora va en su amiga Tamara para contarle sus problemas. El escritor va al psiquiatra porque no puede olvidarse de nada, sólo es malo para recordar nombres, pero todo lo demás lo memoriza sin querer y lo imposibilita de perdonar. La diseñadora va en su amiga Tamara porque no puede memorizar con facilidad, sólo es buena con los números –para sacar las cuentas–, pero de todo lo demás se olvida sin querer hasta detalles de los momentos más significativos de su vida. El escritor quiere olvidar muchas cosas. La diseñadora quiere recordar muchas cosas.
El escritor empezó a escribir sus primeros cuentos y los regalaba a sus amigos y familiares. La diseñadora empezó a diseñar y arreglar sus primeras faldas y las regalaba a sus amigas y familiares.
Ayer el escritor fue al cumpleaños número veintitrés de la diseñadora, fueron al cine y a tomar yogurt a un restaurante. La diseñadora parecía incómoda, quiso volver a su casa, pero el escritor no la dejaba. Los amigos de la diseñadora le habían dado instrucciones claras de no volver hasta que le llamen al teléfono, le estaban organizando una fiesta sorpresa.
Regresaron.
Sorpresa. La fiesta duró hasta las diez y media, pero el escritor se quedó hasta las once y media y se despidió. En el autobús el escritor sintió que su teléfono móvil vibraba, un mensaje de texto. Lo leyó, era de la diseñadora. Sonrió.
El escritor ha cambiado, sigue siendo un hombre infeliz pero no se queja ni se entristece. La diseñadora ha cambiado, sigue siendo una mujer extraordinariamente sincera, pero, además, se ha vuelto amable, comprensiva y sensible.
El escritor está orgulloso de tener una amiga como la diseñadora. La diseñadora está orgullosa de tener un amigo como el escritor.
El escritor sabe que va a morir joven, solo y con cáncer, por eso se le ocurrió escribir de la diseñadora, de su querida amiga, de la única mujer que ha estado con él en las buenas y en las malas, porque el escritor sabe que, si acaso la vida los separa más, conocerla ha sido, con seguridad, el propósito de su fugaz existencia.

10 comentarios:

  1. Estaa xevere sta ntrada cauaas

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  2. Gracias por sus comentarios en el Facebook y en el blog.

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  3. Final sorpresivo, me gustó mucho!
    Mantenés al lector expectante durante todo el relato; bien llevado.

    Te dejo un beso :)

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  4. A veces soy flojo cuando veo algo grande (para mí) que leer, y ésto es uno de ellos. Te lo confieso. Pero cuando lo comencé ya no pude dejar de leer, me mantuviste leyendo cada oración que compusiste. Estuvo grandioso.

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  5. no quiero q muera solo y con cancer! y quiero q este siempre con la chica, cambia ese final pero m ha gustado eh? besooooo

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